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En el Día Mundial del Agua recordemos la verdadera causa de la escasez de agua: el poder corporativo

A menudo hablamos de personas que carecen de acceso al agua como si se tratara de algún tipo de acto de Dios, un hecho desafortunado de la naturaleza que nosotros, como seres humanos, necesitamos superar con nuestro ingenio.

El hecho de que 2.000 millones de personas no tengan acceso al agua potable no es sólo una tragedia (según la Organización Mundial de la Salud), sino una elección. No se trata, en general, de un problema técnico. Es un problema político. Y el poder corporativo es una gran parte de ese problema.

Tomemos, como ejemplo, el cambio climático. Ya estamos viendo los efectos del cambio climático en el aumento del estrés hídrico. La ONU estima que la escasez de agua exacerbada por el cambio climático podría desplazar hasta 700 millones de personas más para el año 2030. Las grandes transnacionales que trabajan con combustibles fósiles se encuentran entre los mayores oponentes a una acción climática significativa. Esto significa que son ellos quienes también están causando un aumento de la sequía y de la escasez de agua.

Lo mismo ocurre en términos de quién está usando los recursos hídricos qué tenemos. A nivel mundial, la industria utiliza alrededor de un 60% más de agua que los hogares. En algunos países, el abuso corporativo en los escasos suministros de agua causa serios problemas a la población local. En Sudáfrica, por ejemplo, la minería consume más agua que el conjunto de la población, al tiempo que causa graves problemas de contaminación y salud entre la población local.

Y no olvidemos los problemas causados por la privatización del agua. El año pasado, el Día Mundial del Agua fue testigo de protestas en Lagos, Nigeria, contra el sistema de agua totalmente privatizado que existe en este país. Las empresas que manejan sistemas de agua con fines de lucro casi siempre elevan las tarifas, dificultando a las clases bajas el derecho a las necesidades más básicas, como el agua.

Y gracias a los ISDS – un sistema de tribunales oscuros que las transnacionales usan para demandar a los gobiernos cuando las cosas no salen como ellos quieren – las grandes empresas pueden amenazar con emprender acciones legales para evitar que los gobiernos mantengan las tarifas y los impuestos bajos. De hecho, esto es lo que ocurrió en Argentina, donde la transnacional Anglia Water puso una demanda al Estado de Argentina porque éste la obligó a congelar las tarifas en Buenos Aires.

Así que, se mire por donde se mire, el problema de que la gente no tenga acceso a agua limpia es un problema que se agrava con el poder de las transnacionales. A todos los niveles, el acceso al agua está siendo socavado por ellos. Y ninguna campaña fotográfica de responsabilidad social corporativa que involucre pozos de aldeas va a cambiar eso. Es un problema sistémico. Ellos son el problema.

Lo que tenemos que hacer es recuperar el poder que tienen las transnacionales. Ésta es una tarea difícil, pero nuestra campaña está impulsando dos cosas que empezarán a marcar la diferencia en este sentido.

La primera es deshacerse de los ISDS. Al quitarle a las transnacionales la posibilidad de amenazar a nuestros gobiernos, abrimos un espacio de políticas para estrategias alternativas. Los gobiernos podrán regular la reducción de las tarifas del agua sin temor a acciones legales. Y también podrían remunicipalizar el servicio del agua en las ciudades, pasándolo a un sistema público.

La segunda cosa es presionar para que se fortalezcan los mecanismos de rendición de cuentas de las transnacionales. Las grandes empresas se están saliendo con la suya, contaminando los suministros de agua y desviando el agua para satisfacer sus propias necesidades. Debe haber una mejor manera de hacerles rendir cuentas.

Al aprobar un Tratado Vinculante de las Naciones Unidas sobre grandes empresas y derechos humanos, las comunidades podrían perseguir la justicia sin importar dónde se encuentre la sede de la transnacional que está causando el daño sociopolítico y ambiental.

Así que, por favor, firmen nuestra petición en este Día Mundial del Agua y asegúrense de que nuestros políticos escuchen el mensaje alto y claro. Si queremos que el acceso al agua sea universal, entonces debemos abordar el problema del poder de las transnacionales sobre el agua.