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Las personas rechazamos el ISDS. ¿Por qué nuestros gobiernos están tratando de expandirlo?

Esta semana se celebra en Nueva York una reunión que no tendrá mucho impacto en los medios de comunicación. A primera vista, eso no es sorprendente. La reunión del Grupo de Trabajo III de la Comisión de las Naciones Unidas para el Derecho Mercantil Internacional (UNCITRAL por sus siglas en inglés) no suena como una noticia de primera plana.

Entre los grupos de presión en la sede de la ONU se encuentran los negociadores de la UE, que hablan en voz baja y que están trabajando directamente en contra de los intereses de los y las ciudadanos de Europa. Están negociando una enorme expansión del ya odiado sistema de solución de controversias entre inversores y Estados (ISDS por sus siglas en inglés), basado en oscuros tribunales corporativos que las multinacionales utilizan para demandar a los gobiernos e intimidarlos.

Este es el mismo sistema que ayudó a unir a más de 3,2 millones de personas para rechazar el TTIP, el acuerdo comercial UE-EE.UU que incluía también el ISDS. Los temores de que las empresas estadounidenses utilizaran el ISDS para hacer de todo, desde eliminar regulaciones ambientales hasta bloquear la privatización de los servicios públicos, fueron el núcleo de la enorme furia que impulsó esa campaña.

Este año, otro medio millón ya ha firmado una petición exigiendo que se eliminen completamente los ISDS de todos los tratados de comercio.

Por lo tanto, es una parodia democrática que, en lugar de atender los llamados de la ciudadanía y abandonar cualquier tipo de negociación con ISDS, la Comisión Europea esté presionando con fuerza en Nueva York para asegurar una enorme expansión del sistema en forma de un Tribunal Multilateral de Inversiones (MIC, por sus siglas en inglés).

Los promotores de este sistema afirman que el MIC no es lo mismo que el ISDS.

Están equivocados. Lo es.

De hecho, al hacer que el sistema sea permanente, el MIC podría empeorar el ISDS al hacerlo más amplio. Renombrar el sistema no significa cambiar el núcleo de la injusticia detrás de él. Sigue siendo un sistema unilateral (sólo las empresas pueden demandar a los Estados y no al revés) que permite a las multinacionales y a los multimillonarios acceder a un sistema de “justicia” paralelo y privilegiado.

No es sólo un tribunal para el 1%. Es un tribunal para el 0,01%.

El objetivo del sistema es penalizar a los gobiernos por hacer lo correcto. ¿Quieres combatir el cambio climático y prohibir el fracking? ¿Mejorar los derechos de los trabajadores? ¿Regular los aditivos alimentarios por razones de salud pública? Bueno, con el ISDS puedes olvidarlo. Los gobiernos y autoridades locales se enfrentarán a grandes amenazas y a una gran factura que pagar (también si logran ganar el caso, tal y como descubrió el Estado australiano, cuando ganó contra una compañía tabacalera que le demandaba por las advertencias de salud en los paquetes de cigarrillos).

En este caso, no hay ninguna diferencia entre el ISDS “clásico” y su nueva variante propuesta por la UE, MIC. Ningún tipo de juego con cambio de nombre incluido puede esconder la verdad fundamental: el ISDS está mal.

Con un poco de suerte, los países que ya han tomado la iniciativa de rechazar el injusto sistema del ISDS -como Indonesia y Sudáfrica- bloquearán estas horribles propuestas. Pero la cuestión para nosotros, como europeas y europeos, es la siguiente: ¿Por qué la Comisión Europea está negociando en nuestro nombre para promover algo que nosotros, los y las ciudadanos, ya hemos rechazado claramente y en reiteradas ocasiones

Parte de la respuesta es que los consejos que reciben los negociadores son, como mínimo, cuestionables. Se ha revelado que, alrededor de dos tercios de los asesores académicos de la UE en materia de ISDS, tienen conflictos de intereses, ya que, por un lado, se les paga por sus servicios de asesores y por otro, tienen intereses personales para la estabilidad del sistema de arbitrajes a favor de las multinacionales.

En última instancia, cambiar esta situación depende de nosotros y nosotras. Es evidente que la Comisión Europea no ha captado el mensaje. Nuestros gobiernos de los Estados miembro no han captado el mensaje. Nosotros, la ciudadanía, rechazamos el ISDS en todas sus formas. Por eso, al igual que hicimos con el TTIP, nuestra campaña trabajará incansablemente para cambiar esta política. Y al igual que con el TTIP, es muy posible que ganemos.